Los Dinosaurios del Copyright

24 noviembre 2011


Una especie en vías de extinción

El copyright era un antiguo ecosistema prehistórico, vigente durante una era tecnológica caduca conocida como periodo analógico. Su característica distintiva era que la interdependencia entre cada organismo, estaba signanda por la escasez: los flujos inmateriales necesitaban de copias materiales, que eran escasas. El copyright marcaba inflexiblemente dominios y territorios en el periodo analógico mediante el establecimiento de monopolios. Es por esto que las estructuras verticales, aparatosas, territoriales y de gran tamaño constituían una ventaja selectiva: las especies dominantes de la cima de la pirámide o cadena trófica, eran lentas y gigantes: no necesitaban grandes cerebros, pero si grandes monopolios que les permitieran centralizar y optimizar la producción y la distribución. El peso aplastante de estos gigantes analógicos promovió un ecosistema uniforme y poco diverso, el ecosistema del copyright.
Luego del impacto del asteriode de internet, su onda expansiva, provocó un cambio radical en el entorno: surgió una nueva era, conocida como periodo digital. La lógica de redes y la abundancia de los flujos inmateriales entre los organismos marcó el cambio climático global: las estructuras físicas gigantes y anquilosadas, en vez de constituir una ventaja selectiva, en este nuevo ambiente se convirtieron en un pesado lastre pre-digital.
Algunas especies pequeñas, que antes sólo sobrevivían en los márgenes de antiguo ecosistema, ahora encontraban un nicho apto para hacer valer sus ventajas selectivas. Se diseminaron rápidamente de forma horizontal por el nuevo contexto de redes, mientras las antiguas especies dominantes sólo atinaban instintivamente a tratar de reproducir sin éxito sus viejas prácticas terroritoriales y monopolistas. Incapaces de sobrevivir en un ambiente signado por el impacto de internet, su destino será evolucionar hacia nuevas formas, o aceptar su inexorable extinción.
Pero fueron estas especies digitales, homeotermas y autónomas, de pequeño tamaño, pero con cerebros más grandes e inteligentes, las capaces de aprovechar y moverse más agilmente entre los entornos cambiantes de las nuevas redes, y ponerlos a trabajar a su favor, en vez de intentar resistirlos. La consecuencia: una explosión en diversidad de nuevas especies.
Las especies digitales desarrollaron una nueva área cerebral conocida como neocorteza-web. La neocorteza a su vez, posibilitó el desarrollo de la inteligencia social. Las nuevas especies promoverán entonces la reemergencia de lo comunitario y de las dinámicas colaborativas como estrategias clave para la supervivencia en un mundo sin propiedad intelectual.
Finalmente, del copyright sólo quedarán algunos antiguos vestigios fósiles, cuya utilidad ya no podrá ser otra, que ocupar las polvorientas vitrinas de algún oscuro museo de paleontología cultural...


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